Actualidad · Filosofía

Sobre el archivamiento:

Como afirmaba Vilém Flusser, hace treinta años, precisamos impedir que los tecnócratas y el poder al que sirven dominen el nuevo universo de las imágenes digitales. Debemos ocupar internet, así como inconformes en todo el mundo vienen ocupando plazas y manifestando su revuelta contra el gobierno internacional neoliberal Solakov, con su impresionante obra archivo, ya nos hacía rever nuestros nuevos sistemas digitales de archivamiento.
Numerosas obras, artísticas, literarias e híbridas, nos hacen reflexionar hoy
sobre esas nuevas fronteras entre lo privado, lo público y lo íntimo.
El psicoanálisis describió nuestro ser onto y filogenético como una historia de inscripción y represión de archivos. El giro biológico a su vez entronizó la noción de herencia genética y de proceso de reinscripción de archivos heredados. Ya el giro cibernético generalizó discursos sobre memorias, archivos, grabación y emborronamiento de informaciones y todo lo que se relaciona a la idea de almacenamiento del saber y de los hechos. Los actuales escándalos acerca del espionaje en internet, hecha por países como los EUA, Inglaterra y Canadá, dan ahora un tono paranoico y apocalíptico a nuestra era de archivos digitales online.
Los artistas en ese paisaje, vienen pensando, desde el romanticismo, contra estrategias frente a la archivación, y la archivonomía monológica. Ellos proponen la abertura de esos archivos, su anarchivación, y así abren nuevos horizontes, hoy, para que nos apropiemos de archivos de modo creativo y antifascista.
Plantear la cuestión de los medios y del fin o de los fines implica de entrada, como lo demostraron René Lourau y Jacques Ardoino, analizar no sólo la dimensión organizacional de la sociedad, sino también, y sobre todo, su dimensión institucional. Esta cuestión implica también abrir el debate sobre las dos grandes nociones que estructuran hoy nuestras existencias: la democracia y el capitalismo. Por un lado, la democracia implica compartir el poder, heterogeneidad, compromiso, debate, una perpetua elaboración colectiva del vivir juntos.
Por otra parte, el sistema de producción y de intercambio que domina nuestra sociedad -el capitalismo-implica acumulación de poder, privilegios sin frenos (aceleración, desregulación mafiosa), mediante una acumulación de capital que conlleva, en sus diversos desarrollos históricos, la negación de la democracia.
El sistema de enseñanza y de formación se sitúa precisamente en medio de esta
contradicción: espacio y tiempo de formación intelectual, espiritual y crítica de un
ciudadano destinado a participar en la elaboración continua de la democracia y, a la vez, espacio-tiempo de formación de un trabajador en lo esencial destinado a producir capital.
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